Adopción y parejas del mismo sexo V:La adopción y la cuestión del odio

Ayer vi la película Milk, que algunos recordarán por ser bastante reciente (el año pasado salió en salas de cine, a Colombia llegó en abril de este año), y porque retrata a un pionero del activismo lgbt tan importante como lo fue Harvey Milk. Por supuesto que no quiero extenderme demasiado en su historia aquí, puesto que esta serie versa sobre un tema muy específico, no sobre toda la cuestión lgbt.

Sin embargo, la historia de Harvey Milk me recuerda cuál es la médula de toda esa cuestión. Detrás de las reivindicaciones que los grupos de lesbianas, gays, transexuales, transgeneristas, intersexuales… han buscado desde los setentas el asunto central no es otro que el reconocimiento. Estamos hablando de grupos de ciudadanos que buscan ser reconocidos como tales, no ser detestados, no ser considerados enfermos y tenidos por amenaza a la sociedad en virtud de su orientación sexual. En el fondo es una batalla contra el odio, y si acaso tiene sentido toda esta lucha activista promovida por personas como Milk, no puede ser de otra manera: una batalla contra el odio, un incólume esfuerzo por ofrecerle esperanza a millones de seres humanos que viven un sufrimiento tan gigantesco como evitable.

Ahora bien, ¿hasta qué punto la cuestión de la adopción está incluída dentro de esta agenda que busca el reconocimiento de las poblaciones cuya orientación sexual no es hegemónica (es decir, heterosexual tradicional, podríamos decir, porque no es posible descartar que haya heterosexualidades no tradicionales)? Mejor dicho, ¿realmente sería necesario reconocerle a las parejas lgbt el derecho a adoptar bajo las mismas condiciones que cualquier pareja, a fin de que estas parejas sean plenamente reconocidas por la sociedad?

Insistiré en mi punto de siempre: se necesita estudiar con todo el rigor y la honestidad posibles si la crianza en el seno de familias homoparentales tiene algún efecto negativo inherente para los niños y niñas. Lo que he podido averiguar es que, hasta donde se ha indagado, esto no es así.

A pesar de ello muchos estarán incómodos (o más que incómodos) con la idea de que las parejas lgbt puedan adoptar. Siguen creyendo que eso estaría básicamente mal por una u otra razón. Pero es aquí donde resulta fundamental traer a cuento la razón fundamental de la lucha por los derechos lgbt: vencer el odio, dar esperanza a los desesperanzados, dar reconocimiento a los no reconocidos.

Muchos dirán, en sociedades como la Colombia de hoy, que no tienen problema con las personas lgbt pero jamás estarán de acuerdo con que puedan adoptar. En principio, parece una incoherencia: sí hay un problema entonces con ellas… ¿o no?

Especialmente me preocupa gente como la que escribe en sus comentarios a los periódicos en línea que no tiene problemas con la gente lgbt pero que si se atrevieran a reclamar y obtener el derecho de adopción los odiaría. ¿Pero no es esto una señal de que ya los odia? Si usted se identifica con este tipo de opinión, ¿cómo puede decir que no los odia ahora? Y si los odia, ¿qué clase de autoridad moral puede tener? ¿Acaso no es el odio la antípoda de toda posible moral, que se incomoda con cualquier mandato al respeto, al amor, al cuidado del otro? Si usted odia a una población, cualquiera que esta sea -negros, indios, mulatos, blancos, católicos, protestantes, musulmanes, gays, lesbianas, transgeneristas, transexuales, lo que sea-, tiene que apercibirse de la impronta de fundamental inmoralidad que implica este sentimiento, o su altura como ser moral se verá mancillada.

Y he dicho esto no como un mero reproche. He tratado de elegir las palabras con cuidado. Cuando digo que el odio tiene una impronta de fundamental inmoralidad, ninguna de estas palabras las uso como un insulto. Cada una tiene su lugar ahí. Digo inmoralidad porque, en efecto, estoy convencido de que es el odio lo que mueve a ir en contra de los mandatos más básicos de cualquier forma de moral: el respeto, la consideración hacia los demás, la disposición a la paz. Esto no es difícil de ver, es claramente evidente.

Digo además que esa impronta de inmoralidad es fundamental, no para reforzar un insulto (que aquí no existe o no es mi propósito proferir). Digo fundamental porque otros sentimientos pueden tener también una impronta de inmoralidad, pero sólo accidentalmente, es decir, sólo en la medida en que darles rienda suelta puede conflictuar con la moral.

Por ejemplo, si tengo una gran ambición de cumplir un proyecto (como tener una casa), este sentimiento no va por sí mismo en contra de la moral; puedo, a fin de cuentas, darle curso y efectuar mi proyecto dentro de los límites de la moralidad. Pero el ardor de mi deseo puede hacer que ataque a otros, les pase por encima, los aniquile inclusive.

En cambio, el odio sí es fundamentalmente, esencialmente, un sentimiento anti-moral. Llama por sí mismo a la aniquilación, al irrespeto, al desprecio del otro. Con todo esto trato de explicar a qué me refiero con que el odio tiene una impronta de fundamental inmoralidad.

Ahora bien, puede que usted llegue hasta este punto y diga: “No, no odio a las personas lgbt. Algunas cuentan incluso entre mis amistades. Pero no creo por eso que sean personas idóneas para adoptar.” En ese caso, usted ha pasado un umbral, pero ha de estar siempre alerta contra los peligros que significa ceder a los odios personales; todos los tenemos, todos somos sus posibles víctimas.

En todo caso, si usted ha pasado este umbral, y en la medida en que se mantenga por sobre él, es apto para discutir lo que está en juego a la hora de decidir si a las personas lgbt se les dará la adopción o no. Que no esté de acuerdo con instituir esta posibilidad no lo hace inapto para la discusión; si todo el mundo estuviera de acuerdo, no habría nada que discutir. Pero es importante, ahora, que pase otro umbral (en el que he insistido en entradas anteriores): debe tener presente la necesidad de observar los hechos desnudos, honestamente y sin apasionamientos. Porque considerar los hechos es necesario aquí para juzgar qué es lo correcto.

Así que de ahora en adelante querré meterme de fondo en los estudios que pueda encontrar acerca de familias homoparentales. También quisiera saber sobre las experiencias que han tenido países donde la adopción, o por lo menos el matrimonio es posible para parejas lgbt.

Pero no podemos perder de vista, insisto y no puedo dejar de hacerlo, que la superación del odio es el asunto central con respecto a todas las discusiones que se puedan plantear hoy día alrededor de las poblaciones lgbt y sus reinvidicaciones, independientemente de qué se decida con respecto al particular tema de la adopción. Gracias a Harvey Milk por recordármelo y por dar esperanza.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.